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Casillas, a Del Bosque: “Siempre he convivido con el elogio”

2020-10-18T03:02:03.752Z

El exseleccionador y el mito de la portería se reencuentran para afrontar sin tapujos sus 21 años juntos en el Real Madrid y en España, tiempo de muchos éxitos pero también de alguna discrepancia. “No se ponga serio, me limpió un par de veces”, dice el meta al técnico. “Puyi tenía ganas de darme dos leches, y yo a él”, recuerda


La relación entre Vicente del Bosque (Salamanca, 69 años) e Iker Casillas (Móstoles, 39 años) es semejante a la de un padre y un hijo. El tutor-técnico adoptó al niño-futbolista en 1990, cuando iba a cumplir nueve años, en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, y con breves paréntesis convivieron juntos hasta 2016. Entonces Iker, ya doctorado cum laude, tuvo que decir adiós a la selección. Desde esa Eurocopa se habían visto, pero no se habían encontrado. Nunca habían hablado mirándose a los ojos del desencuentro provocado por la suplencia del portero. Algún día tenía que ser y fue el jueves con EL PAÍS como testigo. Mano a mano. Los dos solos. Buen tono. Ambiente entrañable. Admiración mutua. Complicidad.

Vicente del Bosque. Te veo en forma Iker, ¿cómo estás? ¿Sara, los niños...?

Iker Casillas. Bien, míster. Tras un año y medio [del infarto] me voy encontrando con el Iker que era antes. Los aires de Portugal, cerca de Salamanca, su tierra, son buenos. Sara, también muy bien, y los niños en el cole.

D. B. Estoy emocionado de estar contigo. Fueron muchos años juntos. Llegaste al Madrid en 1990 y en 1999 al primer equipo.

I. C. Tenía apenas nueve años. Llegué al torneo social donde los jugadores del primer equipo daban nombre a los equipos. Fui a una prueba en septiembre. Jugamos un partido y nos dijeron que esperáramos a enero del 91, que comenzaba el torneo social. Antonio Mezquita, un entrañable técnico de la casa, hizo una preselección para el torneo de Meudon, en París. Perdimos la final contra el Benfica a los penaltis. Ahí empezó todo. Aquel Madrid que conoce usted mejor que yo era muy familiar. Como club no tendría la grandeza de ahora, pero era una familia.

D. B. Has conocido la pobreza de entonces, esa Ciudad Deportiva con todas sus carencias, y también el Madrid de la abundancia, Valdebebas, los galácticos...

I. C. A cualquier crío de hoy que le digas que jugábamos en campos de tierra no se lo va a creer. Ahora todos se entrenan en césped artificial, híbridos…

D. B. ¿En el club hay un antes y un después desde que desapareció la Ciudad Deportiva?

I. C. Me dio pena. Cada vez que veo las cuatro torres, ahora casi cinco, me entra nostalgia. Pero todo ha ido a mejor y ha evolucionado para que los críos tengan mejores condiciones. Yo de aquella Ciudad Deportiva, además de usted, claro, me acuerdo de Don Alfredo [Di Stéfano] y de Camacho. Cuando falleció Juanito estaba en el infantil A. Pasé casi todas las categorías de dos en dos. Tengo tan buena memoria porque no quiero que se me olvide eso. Se me puede olvidar el día a día, pero no mi infancia. Lucho por ello.

D. B. Has sido un afortunado y es bueno que no se te olvide. Los niños tienen que tener sueños...

I. C. Es lo que los chicos tienen que entender. La realidad no es que un jugador gane una Champions o un Mundial. Yo soy un privilegiado. Tienes que ser bueno, tener suerte y yo la tuve en momentos puntuales. Incluso alguna vez a usted no le gustó que subiera tan deprisa…

D. B. No queríamos que subierais a un equipo de mayor categoría y no jugarais. En mi puesto era bueno ser conservador, pero también tener ese punto para romper el proceso lógico que rompisteis tú, Raúl, Guti… Había que ser arriesgados con los que teníais talento para jugar más arriba. Dimos pasos adelante. No seas malo, hombre…

I. C. No me quejo, lo cuento. También me daba vergüenza entrenarme y jugar con compañeros tres y cuatro años mayores.

D. B. Hay que destacar el esfuerzo de las familias. Tu padre te llevaba todos los días. Era un seguimiento silencioso. Te protegían desde el silencio. Creo que no hablé nunca con tu padre.

I. C. No eran las mismas carreteras, ni los mismos transportes. Eso es lo que la gente no ve. Ve todo lo que he ganado, pero no que durante ocho años mi padre cogía el coche y me llevaba desde Móstoles. Y nunca se metió en nada. No quiero que suene prepotente, a mi padre todos los entrenadores le decían que era bueno, que iba a llegar a ser portero del Madrid. Él sabía que era bueno, pero no quería que me confundiera. Era más estricto, puede ser porque era Guardia Civil. Me tenía a raya. Siempre he convivido con el elogio.

D. B. En 21 años que hemos estado juntos ha habido de todo. Muchas cosas buenísimas, pero quiero afrontar las malas también con naturalidad. Una fue en el curso 2001-02, cuando ponemos a César…

I. C. Eso fue cuando Fernando [Hierro] y usted se alinean para quitarme...

D. B. No, no… No es verdad, no es verdad.

I. C. Míster, no se ponga tan serio, estoy de broma... Pero no solo fue esa temporada, la anterior tampoco jugué los últimos meses y jugó César. Ganamos la Liga. Cada año me tocaba algo…

D. B. Dentro de lo malo que fuera romper tu ritmo, siempre hay cosas buenas. No es disculparme. No estamos aquí para ello.

I. C. Que no míster, que no… Siempre viví con la competencia. Con César me llevaba bien. Fue clave que estuviéramos juntos, aunque también era puñetero, y se lo he dicho a él [sonríe].

D. B. Esos cuatro años en el Madrid fueron fantásticos.

I. C. En cuatro años ganamos nueve títulos.

D. B. Cambiemos a la selección. Has sido importantísimo, con paradas que nos ayudaron a ganar todo lo que ganamos.

I. C. Hemos formado parte de algo que es muy difícil que se vuelva a repetir. No imaginábamos que podía ser tan bonito. Pero es que teníamos un buen equipo y un grupo sensacional.

D. B. Teníamos una tendencia ganadora extraordinaria y se rompió la fatalidad anterior que estaba instalada en la selección.

I. C. Dimos la vuelta a nuestra propia situación. Hasta entonces veíamos con mucho respeto a las demás selecciones. Pasamos de tener miedo a que los rivales nos lo tuvieran. Cuando jugaban contra nosotros sabían que podían hacer el ridículo.

D. B. En medio de tu carrera sufres una situación delicada con una facción del madridismo, impulsada o alentada por el entrenador [Mourinho\]. Era muy doloroso para cualquier madridista que un chaval como tú salido de la cantera fuera criticado por una parte del madridismo, no toda, por supuesto. Para mí fue tan increíble como doloroso.

I. C. Fue una parte mínima del madridismo más joven y voraz. No lo entendía. En lugar de pensar que el resto me aplaudía y estaba orgulloso de mí... Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que toda esa gente que me criticaba lo puede seguir haciendo, pero hay otra que te sigue idolatrando y me quiere más todavía por todo lo que ha pasado. Si miro atrás no tengo por qué pedir perdón. Está olvidado. Después de lo que me pasó hace año y medio lo veo como una anécdota.

D. B. ¿Relativizas también que en 2016 tomáramos la decisión, buena o mala, de que no jugaras la Eurocopa?

I. C. Se pone usted tan serio míster… Eso lo hablamos después sin las cámaras, ja, ja, ja.

D. B. No, lo hablamos ahora. La figura de los tres porteros en la selección fue extraordinaria.

I. C. Resalto a Víctor [Valdés] y a Pepe [Reina]. Yo jugaba y disfrutaba más. Ellos conmigo se portaron bien. Víctor era un chico introvertido que poco a poco te iba dando confianza. Un profesional de 10.

D. B. En 2014 seguimos con los mismos porque estabais a un máximo nivel. En el descanso del día de Holanda [1-5 en el Mundial de Brasil] fue de las pocas veces que hablaste para levantar el ánimo.

I. C. No daba crédito. No podíamos tener ese final, fue demasiado cruel para nuestra generación. Perder dos partidos y quedarnos allí cuatro días para jugar el tercero.

D. B. Cuatro días ejemplares por vuestra parte, por saber aceptar la derrota.

I. C. Ejemplares sí, pero lo raro fue perder esos dos primeros partidos.

D. B. Y llega 2016 con todo el mundo pidiendo cambios y desde el respeto máximo a los que habíais estado dimos el paso a De Gea. Una decisión absolutamente deportiva. Acertada o no. Fue duro para ti, para mí y para todos.

I. C. Sí, lo fue. Recuerdo hablar con usted, con Miñano, con Toni Grande [del staff de Del Bosque]. No sé si estaré equivocado, y siempre se lo he dicho con cariño, pero a veces hay que coger al jugador y hablar con él. ‘Oye Iker, pasa esto’. Sí, todos somos iguales, pero creo que me había ganado el respeto como para que perdiera cinco minutos conmigo y me hubiera dicho el día anterior: ‘Iker, que sepas que mañana empieza David [De Gea]. Por esto, por esto y por esto. Porque ahora es la oportunidad y el momento’. Me podría haber sentado mal o bien, seguramente me hubiera sentado mal, pero habría tenido una explicación y lo hubiera encajado. Pero claro, llegas allí, estás compitiendo, eres el tío que más internacionalidades lleva, el capitán, tanto tiempo con usted… Y llego a la charla y me entero de que no juego. Pues me sienta mal, de verdad.

D. B. Pues mira, posiblemente fue porque siempre llevé a la máxima expresión que hay que tomar decisiones sin dar explicaciones. Si las das caes en la falsedad y siempre hemos obrado como creíamos que teníamos que obrar. Era imposible… ¿Qué quieres que te hubiera dicho...? No juegas por eso, por aquello… Imposible.

I. C. Los futbolistas cuando estamos jugando somos egoístas. Siempre miramos por nosotros. Es un deporte colectivo pero miras lo individual. Si miro hacia atrás, pienso que no tendría que haber actuado igual cuando salí del Real Madrid o el día de la selección y haber aceptado más el rol, el papel del veterano. Y pensar que De Gea venía con mucho hambre, con muchas ganas y ya había demostrado la calidad que tiene. Pero en ese momento…

D. B. Lo comprendo. Fue difícil y doloroso para nosotros también. Pero lo hicimos desde el aspecto puramente deportivo. Lo mismo que en el Madrid cuando pusimos a César. Y no había nada contra ti. Al contrario. Si he tenido preferidos habéis sido los de la cantera por encima de todos.

I. C. Lo bueno es que después de haber tenido aquel malentendido o rifirrafe conseguimos estar hablando otra vez.

D. B. Recuerdo un tiempo en el que no jugabas en el Madrid, pero siempre venías con nosotros, y me dijiste una frase que nunca se me olvidara: ‘míster, conmigo cuente hasta para ser tercer portero. Yo quiero seguir viniendo a la selección’. Hasta el último momento estuviste con nosotros. Por lo menos no te dejamos fuera de ninguna lista.

I. C. No tengo ninguna queja y ahora viéndolo desde la perspectiva de 2020, cuatro años después y con 39 años, lo veo de otra forma.

D. B. La verdad es que has tenido un recorrido impresionante. Nunca fuiste uno más. Siempre has sido muy importante dentro de nuestro grupo, con actuaciones que nos han dado títulos.

I. C. No sé si estoy tocado por una varita mágica, no sé si mis cualidades han acompañado también. Pero desde que empecé sabía que iba a llegar al primer equipo y sabía que iba a conseguir grandes cosas. Ahora es fácil decirlo, pero yo tenía esa aspiración y esa tranquilidad de que iba a suceder.

D. B. Dicen que todo lo que sucede, conviene.

I. C. Esa es la frase que más le he escuchado siempre. Seguro. Después de todo lo que me ha pasado, lo más importante, lo más importante, es la salud. En su momento tuve que agradecer que me pasase donde me pasó, que fue en el campo de fútbol. ¡Dónde iba a ser! El doctor estuvo rápido. Salí indemne. Estoy recuperado al 99 por ciento. Veo las cosas de otra manera, no como cuando antes estaba tristón o abatido.

"Me ilusiona el Balón de Oro de los porteros"

De Bosque no es ajeno a la actualidad y es consciente de que su discípulo está nominado al Balón de Oro al mejor portero de la historia por la revista 'France Football'. Le pregunta a Iker Casillas si alguna vez pensó que podía haberlo ganado y le desea que pueda hacerlo ahora. El gesto de Iker es significativo. “No lo gané en su momento y tengo que reconocer que es un asunto que me ilusiona y me gusta. Me enorgullece que pueda estar mi nombre junto a todos esos porteros, los mejores de la historia. Es increíble para mí estar al lado de ellos. No lo podía pensar hace 30 años por más que siempre pensaba que llegaría alto”. Banks, N’Kono, Buffon, Schmeichel, Van der Sar, Maier, Yashin, Neuer y Zoff competirán con Iker.

D. B. ¿Queda algo de lo que tengamos que hablar?

I. C. ¿Alguna cosa? No, ya hemos hablado de cuando me limpió de la portería, en la selección y en el Madrid. Me pegó una fumada de narices…

D. B. Fue una fumada temporal. También hay que tener consideración con los demás…

I. C. El primer año que me cambió, dije ‘bueno, me viene bien, tengo 20 años y así aprendo’. El segundo año me volvió a hacer lo mismo y ya dije, ‘bueno esto ya… Esto se convierte en una rutina. Voy a tener que buscarme alguna solución…’.

D. B. Yo no era muy maniático ni de supersticiones. He sabido escuchar. Los jugadores debéis de ser inspiradores del entrenador, pero hasta un punto. Ese punto debe saberlo el entrenador. Esa es la frontera. No es lo mismo decir míster es que si jugamos así o así...'. Alguna cosa que le pueda venir bien al jugador, pero nunca que tenga que jugar fulano o mengano. Eso ya no. Eso no es tolerable. Si haces algo que te haya dicho un jugador no puedes entrar al día siguiente en el vestuario. Te da vergüenza. A mí por lo menos.

I. C. La verdad es que lo hemos pasado bien. Y si me tengo que quedar con una etapa bonita en la que disfruté de todo fue de 1999 a 2003. Esos cuatro años con usted en el Real Madrid eran al principio de mi carrera, pero fueron los que más disfruté.

D. B. Te has olvidado de ser presidente de la Federación Española.

I. C. No, no. Pero no era el momento.

“Puyi tenía ganas de darme dos leches, y yo a él”

Entre abril y mayo de 2011 se desató la tormenta de todas las tormentas en el fútbol español. Real Madrid y Barcelona se retaron cuatro veces en 18 días, con la Liga, una final de Copa y las semifinales de la Champions en juego. Con José Mourinho en combustión, tanto clásico en la hoguera acabó por enturbiar las relaciones entre los internacionales, hasta entonces fluida por la convivencia de algunos de los pretorianos de cada bando desde las categorías inferiores, caso de Iker Casillas y Xavi Hernández. Dos amigos de toda la vida —campeones del mundo sub-20 en Nigeria 99— que tuvieron que sofocar la hoguera antes de que fuera demasiado tarde. En el bando madridista no todas las facciones aplaudieron el papel conciliador del capitán Casillas.

Del Bosque. Hay un asunto que no hemos tocado. El momento de aquellos enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona en 2011 y ese engorro que se nos preparó en la selección entre los jugadores de uno y otro equipo…

Iker Casillas. No estábamos preparados para aquellos cuatro partidos en tan poco espacio de tiempo. Nos jugábamos mucho. Esos cuatro partidos marcaron el fútbol español y todo lo que nos rodeaba. Llegó a tener una magnitud política. Si ganaba el Barcelona era como si Cataluña estuviera por encima de Madrid.

D. B. Pero en la selección nunca hemos tenido conflictos con las camisetas. O por nacer en Madrid o por nacer en Cataluña.

I. C. No, pero en los dos partidos amistosos que jugamos en 2011 la sensación era que no se respiraba igual. El ambiente ya no era el mismo. De hecho, nosotros no estábamos bien. Nuestra relación con Xavi, con Puyol... Entre los jugadores del Real Madrid y el Barça no teníamos la misma afinidad que teníamos antes. La recuperamos casi pasados ocho meses, casi un año después.

D. B. Pero salimos ilesos de aquello. Fue un hecho concreto y luego tu participación y la de Xavi Hernández fue decisiva para arreglarlo.

I. C. Claro, había que buscar soluciones y que volviera la tranquilidad. Nos estábamos volviendo un poco ya…

D. B. Es que era perjudicial para vosotros individualmente. Eran episodios que no eran edificantes. Todo lo contrario de lo que tenía que ser. Vosotros, por lo que significáis, tenéis que trasladar las mejores conductas y en aquellos momentos no las trasladabais.

I. C. De arreglarlo sí hay que sentirse orgulloso. No hubiéramos conseguido lo que conseguimos después. Si no hubiésemos cerrado esa situación no hubiéramos ganado la Eurocopa de Kiev en 2012.

D. B. Yo creo que se envenenó el vestuario por influencias externas. No desde dentro, de verdad.

I. C. Nosotros no tuvimos la culpa, pero llevamos el conflicto hasta la selección. En el vestuario, eso se huele. Veíamos que la relación no era la misma. Puyi, con quien me llevo fenomenal, me lo decía. Llegó a decirme que hubo un momento en el que le daban ganas de levantarse y darme dos leches. Y yo decía, ya está, ya lo sé... Y a mí también…

D. B. Yo no me posicioné con unos u otros. Me mantuve absolutamente neutral. No le eché la culpa a nadie de dentro. Me jacto de decir que nunca hemos mirado el color de la camiseta de los jugadores que han venido a la selección, ni donde habían nacido. Y eso nos dio buen resultado. Yo no he escuchado casi nunca hablar de política en la selección. Puntualmente, si acaso… Puede que entre vosotros sí lo hicierais, pero delante de mí, pocas veces lo hicisteis.

I. C. Eso porque no se juntaba con Gerard [Piqué] por las noches. Si no… Nos volvía locos.

D. B. Si hablas de Gerard, nosotros hemos estado 114 partidos y en todos los que él ha estado la relación ha sido fantástica en todos los sentidos. Impecable. Y, además, miraba por el equipo. Puso su valía y su forma de ser al servicio. No tuvimos ningún problema. Ni con él ni con ninguno.

I. C. Gerri es un buen chico. Eso es verdad, nunca hubo problemas con ninguno. Además, en ese vestuario si alguno en un momento determinado hubiese hecho alguna cosa, hubiéramos saltado rápido para apaciguar los ánimos y estar tranquilos.

D. B. Gracias por todo, Iker.

I. C. Un placer. Ya le he visto de formador de cantera, de entrenador, de seleccionador y ahora en su sección de EL PAÍS.

“¿Ser técnico? No, parezco majete, pero en el vestuario me transformo”

Casillas baraja incorporarse al Real Madrid, aunque no tiene aún claro cuál sería su papel. De momento, ya instalado en Madrid con su familia, atiende compromisos y juega al pádel.

Del Bosque. ¿No quieres ser entrenador?

Iker Casillas. No, no, yo no tengo ese aguante, esa paciencia. Doy la imagen de chico agradable, de chico majete y tal, pero yo me transformo en el vestuario. Me vería más útil en formación. Formando a los chicos más jóvenes, a los que empiezan. Un poco el papel que tenía usted hace 30 años en la ciudad deportiva y estábamos entrenando y se ponía detrás. Me sacaré el título por aprender más, porque me gusta el fútbol. Intentaría transmitir a la gente siendo quien he sido en el mundo del fútbol y convencer a los jóvenes de dónde se puede llegar con esfuerzo, ilusión. Y que sepan que el primer día no puedes tener en la puerta de tu casa un Rolls. Que esto es progresivo y tienes que sufrir mucho. Mostrar que la realidad son los compañeros que están trabajando de taxistas, en una obra, de abogados…

Source: elparis

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