The Limited Times

Now you can see non-English news...

Mario D'Agata, el único sordo campeón mundial de boxeo que derribó un tabú a los golpes sin escuchar la campana

2020-10-24T10:55:32.339Z

Después de que le extirparan perdigones del pulmón izquierdo por un disparo en el pecho, en 1956 el italiano fue héroe en su país al vencer al francés Robert Cohen en Roma.


Luciano González

24/10/2020 6:00

  • Clarín.com
  • Deportes
Actualizado al 24/10/2020 6:00

Terminar una pelea con el brazo en alto y escuchar la ovación de una multitud es un sueño recurrente para cualquier boxeador. Mario D'Agata nunca pudo hacerlo realidad íntegramente. Y no porque en su vida hayan faltado situaciones como esa, sino porque era sordo. Ese hecho no le impidió desarrollar una notable carrera y convertirse en el único púgil con esa discapacidad que llegó a conquistar un título mundial.

Tallador de madera, decorador de cerámica o dibujante. Esos parecían los caminos más prometedores para este hijo de padres sicilianos que había nacido el 29 de mayo de 1926 en Arezzo, en la región de Toscana, y que se había educado en una institución religiosa especializada en Siena, junto a su hermano Carmelo, afectado como él por una sordera prelingüística.

Sin embargo, a los 18 años se enamoró del boxeo tras asistir a un combate en su ciudad y comenzó a practicarlo. Tras seis años y más de un centenar de peleas como aficionado, tramitó una licencia profesional, algo que jamás había hecho en su país alguien con esta patología. Pero la Federación Italiana de Boxeo (FPI) rechazó la solicitud porque D'Agata no era capaz de escuchar la campana al inicio y al final de cada asalto.

Ese “no” inicial fue insuficiente para doblegarlo. Una petición presentada y avalada por miles de ciudadanos de Arezzo e impulsada por el diputado democristiano Amintore Fanfani, luego presidente del Consejo de Ministros del país durante seis períodos, entre 1954 y 1987, terminó por convencer a la FPI. Así, D'Agata pudo debutar como rentado el 14 de octubre de 1950, a los 24 años, con una victoria por puntos ante Giuseppe Salardi en Siena.

Mario D'Agata comenzó a boxear a los 18 años y debutó como profesional a los 24.

Eran tiempos de ocho categorías, de un campeón por división, de pocos viajes intercontinentales y de una posguerra difícil para Italia, por lo que las chances de acceder a un oportunidad por un título mundial eran sumamente acotadas y demandaban un camino largo.

Para D'Agata, el primer paso era el campeonato nacional de peso gallo. Lo logró el 26 de septiembre de 1953, cuando superó por descalificación en el noveno asalto a Gianni Zuddas, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y potencial retador del monarca planetario de entonces, el australiano Jimmy Carruthers.

Con una técnica poco depurada, pero con una intensidad y una agresividad notables, el púgil toscano logró 9 victorias en sus siguientes 11 presentaciones, entre ellas dos en Melbourne ante el campeón australiano Bobby Sinn y el excampeón estadounidense Billy Peacock. Se ganó el apodo de Pequeño Marciano (en referencia al imbatido rey de los pesados Rocky Marciano) y quedó a las puertas de una oportunidad mayúscula.

Así lo entendió el Comité Ejecutivo de la Asociación Nacional de Boxeo (antecesora de la actual Asociación Mundial de Boxeo), que en enero de 1955 lo designó para enfrentar el 9 de marzo en San Francisco a Raúl Ratón Macías por el título gallo que había quedado vacante, luego de que el francés Robert Cohen fuera despojado por no pactar un enfrentamiento con el mexicano.

Mario D'Agata realizó 67 peleas profesionales, de las cuales ganó 54, perdió 10 y empató 3.

Pero el 12 de febrero, ocho días después de su regreso a Arezzo desde Australia y menos de un mes antes de su oportunidad mundialista, el boxeador visitó junto a sus padres, Luigi D'Agata y Rosa Laurenzi, y su hermana Mara una lavandería de la cual la familia era copropietaria junto a Giovanni Petitto, un siciliano de 59 años oriundo de Fiumefreddo, como Luigi.

Una discusión por la compra de unas máquinas lavadoras, que había generado una deuda de dos millones de liras, fue subiendo de tono hasta que Petitto desenfundó un revólver y disparó contra la familia, aunque no logró hacer blanco. Mario forcejeó con él y consiguió arrebatarle el arma.

Petitto no se dio por vencido. Ya despojado del revólver, buscó un rifle en la trastienda del local y esta vez apuntó mejor: el primer disparo dio en el pecho del púgil y el segundo impactó en Rosa, su madre, que se había lanzado sobre él para cubrirlo.

D'Agata fue trasladado al hospital Santa María, donde fue operado de urgencia para extraerle los perdigones del pulmón izquierdo. El primer parte médico hacía referencia a una situación “grave, pero no desesperante”. Al día siguiente, registró una mejoría. De todos modos, el médico que lo había operado aseguró que la recuperación le demandaría aproximadamente tres meses y descartó de plano que pudiera volver a boxear.

Mario D'Agata, junto a su compañera Luana Bacci, saluda a la salida del hospital Santa María de Arezzo, donde estuvo internado tras ser baleado en febrero de 1955.

Poco más de tres meses habían transcurrido cuando Mariolino, contra todos los pronósticos, volvió a subir a un cuadrilátero: el 25 de mayo, noqueó en el octavo round al francés Arthur Emboule en Turín. Fue la primera de 13 victorias consecutivas que le permitieron conseguir el título europeo (se lo ganó a Andre Valignat en Milán, en octubre de 1955) y lo posicionaron nuevamente como aspirante a la corona mundial.

La prueba sería ante Robert Cohen, con quien había perdido por puntos en Túnez en mayo de 1954, con “una decisión que fue abucheada rotundamente”, según reportó entonces la revista The Ring. “Lo conozco bien. Es un buen muchacho y un buen boxeador. Pero ya lo vencí y no veo por qué no debería vencerlo ahora que mi título estará en juego”, pronosticó el francés.

El combate programado para el 29 de junio de 1956 en el Estadio Olímpico de Roma generó una expectativa enorme, ya que era el primer duelo por un título mundial en la Italia de posguerra. El único antecedente se remontaba al 22 de octubre de 1933, durante la dictadura fascista, cuando Primo Carnera había derrotado al vasco Paulino Uzcudun en la Piazza di Siena. Aquella vez, 70.000 personas se habían reunido para ver al campeón pesado.

Mario D'Agata obtuvo el título mundial gallo al derrotar al francés Robert Cohen el 29 de junio de 1956, en el Estadio Olímpico de Roma.

La mañana previa al enfrentamiento, una multitud recibió en la estación Termini de la capital al retador, que llegó en tren desde Siena junto a su compañera Luana Bacci, sorda como él, con quien se había casado seis meses antes en la Basílica de Santa Maria Novella, en Florencia, y con quien un año después tendría una hija, Annamaria.

Hasta entonces, solo cuatro italianos habían aspirado a una corona mundial y solo Carnera había resultado victorioso. Mariolino quería emularlo y no repetir las decepciones de Oddone Piazza, Tiberio Mitri (ambos en categoría mediano) y Domenico Bernasconi (gallo).

En su noche de gloria, D'Agata fue dinamitando con golpes al cuerpo y una intensidad envidiable la resistencia de un rival más técnico, pero que demostró poco en su excursión romana. Herido en la ceja izquierda desde el segundo asalto, Cohen cayó al final del sexto, fue salvado por la campana y no se reincorporó de su taburete cuando fue convocado para reiniciar la acción en el séptimo.

Decenas de personas invadieron el cuadrilátero para saludar al nuevo campeón. Centenares encendieron antorchas en las tribunas. Y las 30.000 que habían pagado su entrada ovacionaron al hombre que no podía oírlas, pero que respondía a tanto afecto lanzando besos al aire. Al igual que a su llegada a Roma, una multitud lo acogió cálidamente cuando regresó a Arezzo.

Desde el mismo momento de la consagración, el manager de D'Agata, Libero Cecchi, inició una trabajosa negociación para pactar un enfrentamiento con el Ratón Macías. Mientras tanto, su pupilo hizo dos presentaciones sin exponer su cinturón: venció al español Juan Cárdenas y empató con el francés Robert Tartari. Finalmente, las gestiones se empantanaron y como alternativa para la primera defensa surgió otro francés, Alphonse Halimi, a priori un adversario más accesible.

No lo fue. La expedición a París, en abril de 1957, resultó muy poco agradable para D'Agata. Un trato bastante hostil del público en el Palais des Sports; un cortocircuito, un principio de incendio, un apagón y una suspensión de 12 minutos entre el tercer y el cuarto round; una actuación deslucida del italiano a la que supo sacarle rédito Halimi y una derrota por puntos le pusieron fin a su reinado de nueve meses.

Mario D'Agata realizó su última pelea profesional el 19 de julio de 1962, ante Federico Scarponi, en Roma.

Con solo 30 años sobre la espalda, al Pequeño Marciano le quedaba tiempo y energía para intentar reconquistar la corona. Pero ya no hubo oportunidades, más allá de que pudo recuperar efímeramente el campeonato europeo. El 1° de agosto de 1962, dos semanas después de caer por el título italiano ante su amigo Federico Scarponi, le puso fin a su carrera profesional. “Ya me había probado muchas cosas”, escribiría años más tarde.

Mario D'Agata murió el 4 de abril de 2009, a los 82 años, en su casa de Florencia. Siete años después, el escritor aretino Alberto Chiodini publicó, con asistencia de Annamaria, la hija del púgil, "Il canto del gallo", una biografía que incluye también poemas escritos por el ex campeón mundial. “Al sonido del gong, que nunca oiré, aprieto los ásperos puños dentro de los guantes para derribar las paredes”, dice uno de ellos.

HS

Mirá también

Butterbean, el excéntrico fenómeno que ganó millones, noqueó a un árbitro, atrajo multitudes y ahora no sale de su pueblo

Abel Cachazú, el obrero de los clásicos con Locche y Saldaño, y pasajero del avión que trajo a Juan Domingo Perón del exilio

This news is expired in our cache, please access its source.

Source: clarin

Similar news:

You may like

News/Politics 2020-07-03T08:20:54.577Z

Trends 24h

Latest

© Communities 2019 - Privacy